jueves, 1 de julio de 2010

El Ambiente Marino Caribeño Amenzado por el Derrame de Petróleo en el Golfo de México

La década de los 70 del siglo XX marcó la sensibilización internacional por el evidente deterioro del ambiente por causas antrópicas. En 1972 se celebró la Conferencia de Estocolmo, la cual pasaría a la historia como la primera conferencia internacional cuya temática fundamental fue el ambiente con el objetivo de sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales y fomentar políticas necesarias para erradicarlos. Las Naciones Unidas celebran el día de la Tierra cada año en el equinoccio vernal (alrededor del 21 de marzo), pero una gran cantidad de países ha adoptado el 22 de abril para esa celebración debido a que en 1970, en Estados Unidos un senador y activista ambiental, Gaylord Nelson, promovió una manifestación para la creación de una agencia ambiental. En esta convocatoria participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades. La presión social tuvo sus logros y el gobierno de ese país creó la Environmental Protection Agency -EPA- (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes destinada a la protección del medio ambiente.

Irónicamente, ese mismo día de celebración del Día de la Tierra, exactamente cuarenta años más tarde, el mismo país promotor de tan significativa fecha, se hacía protagonista del inicio de un desastre ecológico de magnitudes extraordinarias y de consecuencias impredecibles para el ambiente marino. La plataforma de extracción de hidrocarburos costa afuera “Deep Horizon” de la British Petroleum (BP), ubicada en el Golfo de México a unas cuantas millas náuticas al sur de Luisiana, explotó dejando un saldo de once trabajadores fallecidos y una fisura de escape de crudo del pozo petrolero que operaba la plataforma, ubicado a poco más de un kilómetro de profundidad, de la cual manan aproximadamente 160 mil litros de petróleo diarios, un equivalente a mil barriles por día, que producen contaminación marítima con manchas grandes y aceitosas.


Mientras se escribe este artículo han pasado casi setenta días desde aquel desafortunado accidente, con lo cual la cantidad de crudo derramado se estima en más de 600.000 toneladas de crudo, afectando un área del Golfo de México de casi 2.000 km2, sin que autoridades, ni entendidos, ni organizaciones, ni responsables, ni ser humano, ni poder alguno haya podio contener la emanación, y la siniestra mancha negra sigue avanzando hacia las costas y hacia aguas internacionales, convirtiéndose en una amenaza que va más allá de la acción local para convertirse en un tema de debate por su connotación regional, específicamente caribeña.

Para ilustrar la magnitud de este desastre ambiental, en oportuno reseñar algunos otros derrames de petróleo en el mar que han sido catalogados como desastres ambientales y que han generado la creación de normativas internacionales cada vez más rigurosas y precautorias para con el ambiente marino:

  • 1.770.000 toneladas de crudo fueron vertidas en las aguas del Golfo Pérsico en 1991 durante la guerra del mismo nombre, afectando los ecosistemas de ese cuerpo de agua y de sus costas en Kuwait, Arabia Saudita e Iraq. La mayor marea negra jamás antes vista y más devastadora del ambiente lato sensum.
  • 467.000 toneladas de crudo fueron vertidas en el Golfo de México en 1979 por el buque “Ixtoc” de bandera mexicana, afectando sobremanera la península de Yucatán en México.
  • 121.000 toneladas de crudo se derramaron en las cercanías de las islas Sorlingas – Tornualles al sur de la Gran Bretaña por el tristemente famoso buque inglés-estadounidense “Torrey Canyon”, cuya magnitud para la época generó un revolución en cuanto a normativas para la construcción de buques tanqueros.
  • h 37.000 toneladas de crudo vertió la motonave “Exxon Valdez” de bandera estadounidense en 1989 en Alaska, generando gran alarma ante la afección a la fauna polar en las cercanías de Prince William Sound. Esta estadística arroja una comparación con el derrame en comento que permitiría cocluir que en el Golfo de México se viene produciendo el equivalente de un “Exxon Valdez” a la semana.
  • 20.000 toneladas derramó la motonave “Erika” de bandera japonesa en 1999 en el Golfo de Viscaya.

En Venezuela hemos sufrido derrames de petróleo con consecuencias dolorosas. El 27 de febrero de 1990, el buque tanque griego “Nissos Amorgos” liberó 4.000 toneladas de crudo al reconocer fondo en el canal de navegación del Lago de Maracaibo. Debido a las corrientes costeras y el viento, el petróleo se dispersó hacia el noroeste cubriendo 48 km de costas arenosas de ecosistemas hasta ese entonces ricos en sus cadenas tróficas. Han pasado veinte años desde ese fatídico derrame y las consecuencias no pueden simplemente ilustrarse con números, sumas de dinero o fallos judiciales en cortes internacionales; Desde Caimare Chico hasta Caño de Agua, las comunidades de pescadores y otras actividades sociales costeras ya no serán más las mismas, mientras la recuperación del status quo de las cadenas tróficas en 1990, tendrá que esperar hasta mediados de este siglo XXI, mientras la carga social indígena lucha por adaptarse a condiciones miserables acarreadas por este evento.

Las universidades, como centros de avanzada en educación ambiental, en base al principio de Globalidad del derecho ambiental y atendiendo a lo establecido en el preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que destaca que el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales son patrimonio común e irrenunciable de la humanidad, así como el artículo 107 relativo a la educación ambiental, están en el deber de hacerse eco de esta eminente amenaza que ya ha alcanzado más de 1.800 km2 y continúa avanzando hacia la zona del este y va desde las costas de Luisiana hasta las costas de Alabama y de Misisipi; y hacia el sureste la mancha de crudo podría llegar a las costas del estado de Florida y a las costas noroccidentales de Cuba. Ante este escenario, Gordon Duguid, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, inició un diálogo con las autoridades cubanas, declarando posteriormente que se ha establecido un diálogo bilateral entre funcionarios de bajo rango, luego de que imágenes satelitales indicasen que el crudo ya entró a la corriente marina que podría llevarlo a Florida y luego, en pocos días, a Cuba.

Es en este escenario cuando el planteamiento del artículo 153 de la CRBV gana importancia ya que establece que la República promoverá y favorecerá la integración latinoamericana y caribeña, en aras de avanzar hacia la creación de una comunidad de naciones, defendiendo los intereses económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales de la región; como de hecho se ha venido materializando en los acuerdos firmados entre ambas naciones para realizar en conjunto actividades de exploración y certificación de hidrocarburos, específicamente, los bloques N53, N54, N58 y N59 en aguas cubanas; evidenciándose su necesidad geopolítica, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y los principios de derecho internacional, en el entendido de que los Estados tienen el derecho soberano de explotar sus propios recursos en aplicación de su propia política ambiental y la obligación de asegurar que las actividades que se lleven a cabo dentro de su jurisdicción o bajo su control no perjudiquen al medio de otros Estados o de zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional.

La explosión de la plataforma va más allá de ser una tragedia para las víctimas ya que, además, implica recordar los verdaderos riesgos de la exploración de hidrocarburos costa afuera, actividad que ha adquirido gran auge en Venezuela y que, por el modelo de desarrollo adoptado basado en la sustentabilidad, demanda una exhaustiva revisión de normas y procedimientos, y mayor preparación técnico-operativa, máxime cuando ya hemos visto cómo el pasado 14 de mayo de 2010, la plataforma “Aban Pearl” situada en aguas de la costa de Paria, en el estado oriental de Sucre, colapsó cuando apenas comenzaba sus faenas de extracción de gas, lo cual contribuyó a que el pozo que se operaba (Dragón 6) hubiese podido ser sellado con unos fluidos especiales y por otros sistemas de seguridad y que por lo tanto no se presentase ningún riesgo de contaminación ambiental. De allí el rol fundamental de la universidad en lo referente a la formación de profesionales en áreas de gerencia ambiental y de actividades costa afuera.

Jesús Jiménez
kikeve2001@gmail.com

viernes, 26 de junio de 2009

Idea para proyecto factible: Buque de Investigación Científica "Golfo de Cariaco"

Proyecto: Buque de investigación científica “Golfo de Cariaco”

La investigación científica marina en la Defensa Integral de la Nación

La investigación científica, como fuente de conocimiento del medio, es fundamental para la defensa integral de los espacios marítimos nacionales, entendida esta como “el conjunto de sistemas, métodos, medidas y acciones de defensa, en los ámbitos, económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar, cualesquiera sean su naturaleza e intensidad, que en forma activa formule, coordine y ejecute el Estado con la participación de las instituciones públicas y privadas...”[1]

Incidencia en el ámbito económico

Actividad portuaria en La Guaira

En lo económico, el tráfico marítimo tiene el rol principal, pues a través de éste se comercializa más del 90% de los productos derivados de la explotación de hidrocarburos, así como también se garantiza el ingreso al país de gran parte de los bienes de consumo importados, con lo cual, las rutas marítimas y los puertos, se comportan como las venas porta y aorta de la economía nacional. En este sentido la investigación científica se centra en garantizar la seguridad a la navegación a través de la edición de cartas náuticas, derroteros, servicios meteorológicos de avisos a los navegantes y sistemas de balizamiento.

A lo anteriormente expuesto se une la explotación de hidrocarburos costa afuera, para lo cual la investigación científica va desde la simple descriptiva de los fondos oceánicos hasta la especificidad geológica de los yacimientos. En toda esta gama, los buques de investigación constituyen los medios imprescindibles para cada fin.

Asociación con los ámbitos social y cultural

Plataforma de explotación offshore de Pdvsa

Embarcación pesquera de arrastre

Importancia en lo económico la tiene también la actividad pesquera, la cual da cabida a los ámbitos social y cultural. En este caso, las investigaciones científicas están relacionadas con la explotación racional de los recursos vivos y con el monitoreo del impacto de las actividades humanas en los ecosistemas. Ejemplos de aplicación científica en estos ámbitos pueden ilustrarse con el caso de la merma de caladeros de sardina en el oriente del país y el monitoreo de la recuperación de los ecosistemas marinos luego de la erradicación de la pesca de arrastre desde el 14 de marzo de 2009, según resolución publicada en la gaceta oficial 38.916 del 23 de abril de 2008.

Ámbito ambiental y Desarrollo Sustentable

El equilibrio de los sistemas es parte del ámbito ambiental, el cual es fundamental para el buen desenvolvimiento de todos los demás ámbitos; está señalado en el preámbulo de la constitución como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad, y su conservación es la base del Desarrollo Sustentable, el cual, según la Agenda 21, aprobada en la Cumbre Mundial de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, se entiende como “la congruencia que debe existir entre el crecimiento económico, la equidad social y la preservación del ambiente al satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades[2].

Derrame de hidrocarburos en el mar

Para ilustrar la aplicación científica en este ámbito se puede mencionar el estudio de corrientes marinas para el control de contaminación marina por derrame de hidrocarburos, por ejemplo el del tristemente célebre caso del buque “Nissos Amorgos” que liberó 25 mil barriles de petróleo en el Lago de Maracaibo en 1997, y del cual hoy día siguen los esfuerzos para mitigar sus consecuencias.

Ámbito político: Venezuela Azul

Distribución aproximada de zee's en el Caribe

Las ciencias marinas tienen gran incidencia en el ámbito político, máxime cuando el Proyecto Político Nacional involucra una estrategia de integración caribeña tal como está planteado en el Plan de Desarrollo Económico y Social “Simón Bolívar” (2007 – 2013). Tan solo la presencia de buques oceanográficos en el escenario marítimo es en sí un acto de soberanía, la ejecución de campañas oceanográficas constituye una siembra de precedentes y sus resultados son material valiosísimo para acometer tareas de delimitación fronteriza; en el caso de Venezuela la investigación científica marina cobra alto valor en el Golfo de Venezuela, en la Fachada Atlántica y en el arco de las Antillas Menores, por ser zonas donde aun está pendiente la delimitación fronteriza con algunas naciones. En este orden de ideas, cabe afirmar que toda mesa diplomática de negociación limítrofe debe estar asesorada por gente de ciencia, dotada de datos fidedignos y alta calidad que, en el mar, sólo pueden ser tomados mediante el empleo de buques de investigación científica. La calidad y cantidad de tales datos, más la aplicación de rigurosos análisis científicos, proveerá a los negociadores el conocimiento necesario para tomar decisiones en torno a lo que se puede o no se puede negociar.

Un aspecto particular del Diferendo Colombo-Venezolano lo encontramos al examinar las acciones de corte científica que lleva a cabo Colombia en el espacio marítimo aledaño a la península de La Guajira. El buque hidrográfico ARC “Quindío” (BH-153) y los buques oceanográficos ARC “Providencia” (BO-155) y ARC “Malpelo” (BO-156), han efectuado un levantamiento hidrográfico sistemático desde Punta Gallinas hasta Punta Espada, cuya base de datos viene siendo continuamente alimentada desde hace más de dos décadas.

Carta náutica del Golfo de Venezuela

-o-

La dimensión espacial del mar de la República Bolivariana de Venezuela

Yate hidro-oceanográfico de FLASA "Hno. Ginés"

Buque Oceanográfico "Guaquerí II" del IOV

El espacio marítimo venezolano se estima en más de 585 mil kilómetros cuadrados, para cuyo conocimiento científico por parte del Estado se cuenta con la flota de la Armada, específicamente el Buque Oceanográfico ARBV “Punta Brava” (BO-11) y las lanchas hidrográficas ARBV “Gabriela” (LH-11) y ARBV “Lely” (LH-12); así como con el Buque Oceanográfico “Guaiquerí II” del Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV), con el Yate Hidro-oceanográfico “Hno. Ginés” de la Fundación La Salle, y con el Aviso Hidrográfico “El Bergantín” del Instituto para la Conservación del Lagos de Maracaibo (ICLAM). De todas estas plataformas, sólo dos (el “Punta Brava” y el “Guaiquerí II”) cuentan con el porte necesario para emprender campañas oceanográficas más allá de la zona contigua, i.e. más allá de las 24 millas náuticas medidas desde la costa.

Buque de exploración de gas costa afuera

La principal consecuencia de esta limitación en cantidad de buques y en adecuabilidad de los mismos, se refleja en la emergente necesidad del Estado de “importar tecnología” para las actividades de exploración apara fines específicos, verbigratia los proyectos offshore de Pdvsa. La segunda consecuencia (pero no menos impactante) es la carencia de datos para atender las necesidades de conocimiento que permitan apoyar la toma de decisiones en torno a delimitación marítimo fronteriza, a la extensión de la zona económica exclusiva más allá de la milla 201 en la Fachada Atlántica y a la ordenación de los placeres de pesca para su explotación racional, entre otras.

Carta Náutica Costa general de Venezuela y escenario Caribe

Para ilustrar esta situación vale decir que a 19 años de la incorporación del BO-11 a la Armada Nacional, la cobertura efectiva de sus campañas se circunscribe a cinco trabajos de relevancia: 1) Proyecto Venfois (estudio para el sembrado del cable submarino de fibra óptica de la Cantv); 2) Levantamiento Hidro-Oceanográfico de la zona de seguridad de la isla La Orchila; 3) Las capañas oceanográficas mancomunadas con Pdvsa en la Fachada Atlántica para el levantamiento de seis transectas; 4) Levantamiento Hidro-Oceanográfico de Isla de Aves; 5) Batimetría multihaz de las zonas aledañas al archipiélago Los Monjes; así como algunas campañas menores para búsqueda y salvamento, como el caso del avión Mirage de la Fuerza Aérea siniestrado al oeste de la isla de Margarita en 1993. La cobertura alcanzada por este buque en ese tiempo, es aproximadamente 40 mil kilómetros cuadrados, lo cual equivale, grosso modo, a poco menos del 7% de la totalidad del espacio marítimo.

Incorporación de buques a las faenas científicas en el mar

Buque Oceanográfico ARBV "Punta Brava" (BO-11)

Aun cuando una reflexión simplista conlleve a tomar en consideración que al BO-11, siendo un buque de investigación científica de más de 1200 toneladas de desplazamiento, dotado de tecnología adecuada a las necesidades del país en su ámbito de acción, le tomó 19 años para levantar el 7% del espacio marítimo nacional; no cabe duda de que un incremento de la flota científica nacional es menester para consolidar, a mediano plazo, una posición vanguardista en lo referente al conocimiento del 100% de ese espacio marítimo, con miras hacia las fachadas Caribe y Atlántica como fuentes alternativas futuras de riquezas como sustento de vida de los venezolanos; comulgando con el desarrollo sustentable y la defensa integral de la nación.

A esta idea se une la aceleración en la evolución de la tecnología de sistemas, equipos y sensores hidro-oceanográficos, los cuales cada día arrojan mejores prestaciones en cuanto a rendimiento, ayudados por las tecnologías de la información y comunicaciones (TICs), ocupando menos espacios físicos en los buques que las albergan. Analizando cada argumento planteado, se puede concluir que el escenario actual en cuanto al desarrollo sustentable de los espacios acuáticos venezolanos, comprende una compleja interacción de oportunidades, amenazas, fortalezas y debilidades, que hace propicia la propuesta de fomentar el desarrollo de este ámbito científico en cuanto a medios (buques) y recursos humanos (científicos).

Propuesta: El Buque Oceanográfico “Golfo de Cariaco”

Prospecto BO "Golfo de Cariaco"

Con 90 metros de eslora y 3800 toneladas de desplazamiento, el prospecto Buque Oceanográfico “Golfo de Cariaco”, posee entre sus bondades la impecabilidad de su ingeniería en cuanto a maquinaría, equipamiento y estructura, con lo cual se garantiza el performance necesario para llevar a cabo campañas ocanográficas con autonomía de más de 10 mil millas náuticas. Su configuración está acorde con toda la normativa de la Organización Marítima Internacional (OMI) con lo cual queda certificado para operar resguardando la seguridad física de la nave, la de la navegación y la de la vida humana en la mar. Su arquitectura naval como buque de investigación presenta todos los espacios necesarios para el desarrollo de actividades especializadas tales como laboratorios físico, químico, biológico y geológico; apuntalados por equipamiento hidro-oceanográfico de última generación, asociado a la más prestigiosas firmas dadas a la transferencia tecnológica, con lo cual sus capacidades innovadoras en este campo le permiten captar imágenes del fondo del mar y después procesarlas de manera tridimensional, lo que hace posible el análisis, en detalle, de objetos en el fondo y de toda la geología submarina.

Se unen a estas capacidades los dispositivos para recolección de muestras de agua, arena y lama del fondo del mar, así como el sistema de posicionamiento dinámico capaz de mantener la posición del buque en condiciones meteoceánicas desfavorables.

Otro aspecto importante es posibilidad de albergar más de 100 personas a bordo además de la tripulación, con lo cual se constituye en una oportunidad para destinar su empleo a actividades académicas en el área de las ciencias del mar, es decir, un buque escuela oceanográfico, multiplicador de conocimientos garantes de la independencia tecnológica.

El BO “Golfo de Cariaco” se erige como un proyecto factible que vendría a atender una aspiración de la comunidad científica marina representada por la Comisión Nacional de Oceanología (CNO), a través de la cual se efectuaría el enlace con el Consejo Nacional de los Espacios Acuáticos para el desarrollo del Plan Nacional de Oceanografía, parte del Plan Nacional de Desarrollo de los Espacios Acuáticos, instrumentos garantes de los fines anteriormente planteados.

Jesús E. Jiménez Muñoz

7.957.306

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[1] Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. Gaceta Oficial N° 37.594 de fecha 18 de diciembre de 2002

[2] Bruntland, G. (1987). “Our Common Future – Report of the World Commission on Environment and Development”. Asamblea General de las Naciones Unidas. Oslo, Noruega.